viernes, 27 de enero de 2012
Volando Desnuda
De repente, sin menor pena, sin menor sonrojo, ni arrepentimiento, con un grito frenético, con un gesto de picardía ambas manos apoderaron su blusa al nivel de la cintura. En menos de un segundo, todos observamos como su ropa se deslizaba por su abdomen mostrando una perforación con su respectiva joya en su centro. El instante que su prenda sobrepaso el nivel de su pecho ha sido el punto sin retorno. Se encontraba serenamente decidida, quería despojarse de sus vestidos. Dejo caer su blusa ante sus pies. Sonrío, con su rostro energizado, con sus hoyuelos algo distintivos, abrazo su parte media. Empezó una lucha en la cual forcejaba con su sujetador. Una vez más volvió a reír. Sabíamos que había ganado cuando lanzo su prenda en nuestra dirección. La noche era algo fría y infinitamente más oscura que mi alma. Contemplamos su torso desnudo entre sombras que acariciaban sus bustos. Súbitamente y con gran violencia sus manos se encontraban en sus caderas. Su pantalón de mezclilla era ahora el nuevo frente de batalla, pero no duro más que un breve instante para resolver el conflicto. El cierre de su pantalón hizo un discreto sonido. Ella juntaba sus piernas, he intentaba hacer más fácil el trabajo de despojarse de su estorbosa calza. Algo torpe he ingenua, perdiendo el equilibrio por unos instantes, sus pies marchaban hacia atrás, alejándose a varios centímetro de su abierto calzado. Alzando su pierna dominante, arqueando su espalda, sujetando el extremo de su pantalón y manteniendo su peso en su otra pierna. Tiro con fuerza el ruedo de su pantalón. Nos percatamos que su pierna derecha ahora libre del vestido que la cubría, era devuelto al firmamento. Presiono con su pie el borde del pantalón que necesitaba desprender. Cambiando el peso a su pie derecho mientras su izquierdo era levantando. Estaba haciendo una palanca con ambas piernas, entre los extremos de su pantalón. Este se desenvolvía mientras desnudaba su pierna restante. Dio un paso para atrás, una sonrisa burlesca fue emitida por su increíblemente iluminado rostro. Su espalda se inclino formando un ángulo recto, subió sus brazos hasta la fina tela de su braga. Con una gran pretensa este era arrancado por entre sus piernas, nos mostraba su piel. Estaba completamente desnuda. Con gran gracia dio un pequeño brinco en el aire y dio una media vuelta. Presenciamos su apretado traje de Eva, hermoso, sensual, majestuoso. Sus asentadas posaderas, propias de una mujer madura y joven. Eran grandes y firmes. Me pareció un regalo del destino. Con un aliado muy grande, las sombras de la noche, nuestra amiga emprendió su vuelo. Esa noche la luna vio a un ángel sin alas en la tierra, que congracia desfilaba su cuerpo desnudo por las filas de la eternidad...
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